#Notas

El interior del interior

4 Minutos de lectura

Por Victoria Dahbar Kofler.

“Si el lenguaje es otra piel, toquémonos más”

G. Cerati

1.

Días en los que respirar implica succionar aire caliente. Algo me vuelve a producir el borde del pánico, la falta de contraste. Hay algo en la “unidad” que me incomoda. No me he acostumbrado a sus horas. Cuando algo así sucede, dígase, estamos unidos por este rato, en esta fiesta, estoy pensando en las grietas. No puedo vivir sin mi mente y su adjetivo: rocosa. 

Ejemplifico, las líneas de las banderas que flamean en contraste con los cielos, al acecho de cambios en las miradas. Las líneas de los horizontes cuando acaece tu estómago hartohundido de la escucha banalizada, cuando se levanta el polvo de la ciudad pretendida, mandamiento original. No, no existe tu novedad. Existe tu percepción acechada por las gotas del cuidado de tu fuego (Viel Temperley). 

Cree la luz que vamos hacia ella, utilizamos su posibilidad para llegar a la profundidad opaca, a lo más oscuro. 

La resistencia es un tipo de cambio.

***

Camino por la Belgrano con una amiga al teléfono y le digo: “no siento el cuerpo”. Acto (lúcido) seguido pienso: siento que no siento el cuerpo, es decir, lo siento. La diferencia. Siento que no sé qué es de mi cuerpo, ¿sería esa la expresión adecuada? 

Estoy hirviendo. Pero no soy el agua dentro de la olla. Mucho menos el artefacto. Tampoco el fuego. Dibujo una forma nueva con el vapor en ese aire pandemicoso de la Belgrano. Sigo caminando. ¿Soy la que dice? ¿Soy la que da los pasos? ¿La que llega o la que se va? Deseo ser todas. Mi cuerpo me reclama por ello. Tiene sed pero yo tengo hambre. 

Recorro la avenida a contramano de lo acuoso que fue primero. Pienso que hay algo muy santiagueño en eso. Estoy transpirando pies y manos, me dice la otra voz en el teléfono. Sentimos lo mismo, todxs. 

¿Así fue primero?

***

Soñé que te convertías en un payaso antiguo mientras te contaba que había participado en un casting. Respondías: «para esta obra en la que no quedaste». 

Entro a una edificación que se transfigura cada tanto, me encuentro con un amigo que me invita a almorzar. Le pido que me espere porque tengo algo que hacer en una de las habitaciones. Tengo hambre pero no como. Tengo hambre pero algo más de lo qué ocuparme. Me quiero ir a comer con mi amigo pero antes quiero entender. Tengo ganas de salir del edificio pero mi amigo se va al interior del edificio, más al interior de una edificación que transmuta. Detengo el paso. Me alegra que no nos saciemos. Y que siga conmigo. Que vaya y vuelva. Algo en el sueño me dice que vuelve y algo en la vigilia me dice que no hay a dónde volver. Interior añorado jamás alcanzado quizá lo que transmuta sos vos.  

¿Quién trajo a quién a la escena? ¿Cuál es LA ESCENA? 

La creación.

2.

Las hojas son la carne del texto, los cuerpos como hojas y las hojas como alas.

***

La Matrix. Cuando Trinity le dice a Neo que le dio una nueva vida una vez y que ya no iba a poder hacerlo más. Sí, el amor como posibilidad. Y cuando le dice que pidió por esa nueva vida para encontrar las palabras correctas con las cuales despedirse, para decir lo que en realidad quería decir; besame besame. 

Cuando Aristóteles reflexionó sobre la analogía entre las bocas y las raíces por ser mediante las cuales absorbemos alimento.  Cuando en “La chispa adecuada” Enrique Bunbury canta “no sé distinguir entre besos y raíces”. Cuando agrego que tampoco sé distinguir entre raíces y alas, veo alas en todas partes. Ahora también bocas y besos.

No sé dónde empieza y dónde termina el interior, las superficies me hablan. No sé si la piel es una superficie o un fondo. Vuelvo a las miradas, a la forma en que observamos. No sé si el interior es una ciudad o mi cuerpo, después de todo, quizá sea esa la pregunta. ¿Quién gobierna?

***

“¿Cómo puedo descubrir el vínculo universal que asegura el orden de las cosas, si no puedo mover un dedo sin crear una infinidad de nuevos entes, porque con ese movimiento se modifican todas las relaciones de posición entre mi dedo y el resto de los objetos?” 

“Construí un esquema equivocado para interpretar los actos del culpable, y el culpable acabó ajustándose a ese esquema”.

“Nunca he dudado de la verdad de los signos, son lo único que tiene el hombre para orientarse en el mundo. Lo que no comprendí fue la relación entre los signos”.

“De la rosa nos queda únicamente el nombre”.

Umberto Eco.

3.

Estoy afuera y preguntas qué pasa en el túnel si hay más noche o día que el de entre medio suyo. No sé qué decir, me consuelo mirando al cielo. Pido que leas desde ahí y vuelvas al monte mediado por la calma. El monte también dice pero tiene luces y sombras y casi no llegas a su mirada. Ese misterio atormentó a la madre de la verdad, la historia (Borges). ¿Para qué la calma? Para develar con armonía alguna que otra hoja, hacer aparecer un rostro de entre nuestros dedos y casi llegar a comprenderlo todo. Aunque a veces el tacto no alcance, aunque preguntes cuándo voy a entrar y no sepa qué decir, o sí. Cuando sepa dónde está la ventana. Todas las ventanas y puertas de la ruta de la memoria de mi cabeza, todas. Ese monte y este asfalto. Hasta comprender qué lugar de la grieta nos nació y darle un nombre nuestro.

El interior es todo aquello que no fue nombrado. Por todo lo que imaginamos, sigamos escribiendo.

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