#Notas

Retazo 2. El corte de verso

2 Minutos de lectura

Por Andrés Navarro.

AMPUTES DE ESCRITURA

¿Dónde cortar el verso? ¿Alguien sabe?

Parece que hay todo un tema con este tema que últimamente en las redes se discute. Se discute o se critica, o algo así. Esto del corte de verso, ¡qué le puedo decir! 

El verso no se corta m’ijo. El verso sigue y sigue. Fluye cual ola motora. El verso es oro líquido, es cascada, es polvo mágico, es cometa. Es barrilete cósmico. El verso no se mancha. 

No, pero hablando en serio, ¿dónde cortar ese dichoso verso? 

No se puede hablar en serio de esto. Dependiendo de qué entendamos por serio, claro. La seriedad puede ser un serio problema. Yo sé lo que le digo, mire. Hay que darle vuelta a la ojota de la seriedad. Sacudirla para que le caiga la tierrita. La mugre acartonada de los años. Y ahí sí, a ver qué tenemos sobre el corte de verso.

Es un misterio. El misterio del corte de verso.

Al misterio no se lo puede abordar con palabras. Será por eso que es misterio. No lo sé. Es un espacio difícil de significar. Imposible diría. Inútil si se quiere. Entonces hay que entrarle al misterio por otro lado. Bordearlo hasta encontrarle un resquicio, una fisura. Entrarle por otro lado, decía, donde las palabras no extiendan sus dominios. Donde algo más fluya con lógicas diferentes. Ese otro lado puede ser la música. 

Hay que escuchar música. Escuche bien lo que le escribo. La música que unx escucha. Hay que dejarse abordar por la música. Hay que dejarse penetrar por la música. Ser poseído por ese misterio (la música también es un misterio). Ahí donde las palabras no tienen asidero. Donde hay peligro de vida, la música viene a sostenernos, elevarnos, suspendernos al borde del abismo. Casi afuera del lenguaje. Dejarse agarrar, es lo que digo, para que la música imponga su ritmo al cuerpo. 

Finalmente, cuando el cuerpo se mueva al compás de tu música, sí, sí, de tu música, de tu John Coltrane, de tu flaco Spinetta, de tu Huguito Flores, de tu L Gante, de tu Tchaikovsky, ahí sí, poné la mano sobre el papel, o sobre el teclado, no sé, y vas a ver lo que pasa. 

Vas a ver. Vas a ser testigo de un milagro. Quiebre, salto, gambeta santa. Vas a ser testigo del corte de verso. Maravilloso corte de verso al ritmo de su música. Porque ahora será su música. Su propio movimiento sonoro sobre el soporte. Su propio baile, su propio ritmo, su propio misterio.

Y vos, alma de diamante de carne y hueso, habrás sido sólo instrumento de ese misterio. Soporte también, donde oscuros dioses juegan sus partidas.

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