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Oscars: otro año sin mujeres

4 febrero, 2020

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Oscars: otro año sin mujeres

Por Maribe Sal.

Si bien no es de extrañarse la ausencia de Greta Gerwing entre los nominados a su categoría en los Oscars, nos sigue dejando un sabor amargo. Quedó claro que para quienes llevan adelante las nominaciones, en el 2019, solo cinco directores hombres hicieron un trabajo digno de entrar en concurso. Si Little Women – la última película de Gerwing – tiene seis nominaciones, entre ellas Mejor Guión Adaptado y Mejor Película, categorías directamente relacionadas con la autora de la obra, entonces ¿por qué no reconocer a su directora?

Este polémico olvido no ha de resultar extraño, teniendo en cuenta que durante toda la temporada de premios también se ignoró esta obra maestra y a su ejecutora, como pasó en los premios SAG, los del Sindicato de Directores y los Golden Globes. En lo que va del año solo el Sindicato de Guionistas tuvo en cuenta la adaptación de la novela de Louisa May Alcott, aunque no ganó y en los Critic’s Choice Awards solo se llevó un premio. 

Tampoco nos sorprende la omisión por parte de la academia. Si repasamos su historia (de casi un siglo), solamente los nombres de cinco mujeres han sido vistos en la categoría a mejor dirección y solo una de ellas logró consagrarse como ganadora.

La primera mujer en ser nominada fue Lina Wertmüller, por la película italiana Pasqualino Settebellezze. Diecisiete años más tarde fue nominada Jane Campion gracias a su trabajo en El Piano. La tercera nominación llegó en 2004 de la mano de Sofia Coppola, por su trabajo en Lost in Translation. En 2016, luego de ochenta y dos años de historia, la academia entrega su primer premio a mejor directora a Kathryn Bigelow gracias a su película The Hurt Locker. Finalmente, la última mujer nominada en esta categoría fue, por su trabajo en Lady Brid, Greta Gerwig, la gran ausente de este año.

De esta manera, se fueron dejando de lado grandes talentos que merecían ser reconocidos y el motivo pareciera ser simplemente una decisión sesgada por el machismo de la industria, tal fue el caso de Ava DuVernay por Selma (nominación olvidada no solo por su condición de mujer sino también por motivos raciales) o Kathryn Bigelow por Zero Dark Thirty (quien al igual que Gerwig podría haberse convertido en la primera mujer en recibir dos nominaciones a mejor directora). Ambas obras fueron nominadas a mejor película en sus respectivos años de estreno y sabemos que es una tradición que las categorías de Mejor película y Mejor dirección vayan de la mano.

El sistema de votos de los Oscars tiene un funcionamiento particular: nos encontramos con que no todos los afiliados a la Academia del Cine pueden votar por los mejores directores. Cada categoría está abierta exclusivamente a los profesionales que la componen. Es decir, los directores votan a los directores. Para afiliarse como director una persona tiene que haber dirigido al menos dos películas y que al menos una de ellas se haya estrenado en la última década (aunque haya algunas excepciones). Estas reglas no parecen un problema a simple vista, pero teniendo en cuenta los porcentajes publicados por la Fundación Annberg el escenario se difumina un poco más. Según este estudio, que analiza 1200 films publicados entre 2007 y 2018, solo el 4% fueron dirigidos por mujeres y solo el 17% de este porcentaje logró estrenar más de una película. Datos que contrastan con el casi el 46% de hombres que lograron dirigir al menos dos producciones. Con lo cual se puede deducir la baja cantidad de mujeres directoras afiliadas.

Si bien se desconoce la cifra de mujeres entre los miembros de la Academia, según los últimos comunicados publicados en la web se sabe que el número ha crecido considerablemente con los años (aunque no revela los porcentajes de género para cada rama profesional). De los 842 invitados a formar parte en el 2019, se anunció que el 50% eran mujeres. A pesar de esto, los resultados no se vieron reflejados en los nominados de este año: de las 209 personas nominadas en las 24 categorías competitivas, solo 65 son mujeres. Apenas el 31% de los nominados. Las conclusiones son evidentes: mientras menos diversidad haya entre sus miembros, menos posibilidad hay de que estos premios sean diversos.

Más allá de una categoría

La academia se vuelve, entonces, una reunión de hombres que votan películas para hombres. No es casualidad que de las nominadas solo Little Women sea una película con mujeres como protagonistas, es decir, los films nominados a mejor película, dirigidos por los nominados a mejor director, carecen de protagonistas mujeres (puede que la excepción sea Parasite). Son estos directores, reconocidos por las galas de premios, los que crean consumos donde las mujeres son invisibilizadas (tanto delante como detrás de cámara). Tengamos en cuenta, además, que históricamente los films ganadores a mejor película son, en su mayoría, historias de hombres (The Hurt Locker no es su excepción), tal vez por eso sean también los más olvidados por la historia.

Por otro lado, mejor dirección no es la única terna sin mujeres nominadas. Categorías como mejor fotografía, banda sonora, mezcla de sonido, montaje de sonido están compuestas exclusivamente por hombres. Tampoco como mejor película animada encontramos algún nombre femenino y en película extranjera solo Honeyland fue co-dirigida por una mujer. Hay una gran cantidad de roles dentro de la producción cinematográfica que carecen de una participación femenina. Los llamados rubros duros, como sonido y fotografía, son llamados de esta manera por ser trabajos que al parecer solo un hombre llevar adelante. Mientras otros, como la producción y el arte de un film, son labores femeninas (la mujer con más nominaciones en los Oscars fue Edith Head, 35 veces nominada como mejor vestuario).

Otro reflejo del machismo que inundan estos premios lo vemos en la selección de los presentadores. Solo dos mujeres han logrado presentar en solitario la entrega de los premios: Whoopi Goldberg (en cuatro ocasiones) y Ellen DeGeneres (en dos), logrando vencer el estereotipo de que las mujeres no son divertidas. La Academia ha apostado constantemente al humor masculino, tal vez sea por esto que se ha visto envuelta en los polémicos comentarios misóginos de mucho de ellos, que los llevó al pánico actual de elegir un nuevo host problemático en vez de apostar a figuras femeninas

En el caso de las actrices, por más de que tienen su propia categoría en la cual se debería premiar su talento, son sexualizadas y discriminadas por la Academia y la industria. Según un estudio del grupo MDSC las mujeres se desnudan en pantalla tres veces más que sus compañeros hombres. Una mujer tiene cuatro veces más probabilidad que un hombre de interpretar roles atractivos. Además, las mujeres menores de edad tienen las mismas posibilidades de ser convertidas en objetos sexuales que los hombres tienen a los veintiún años. En las películas analizadas en el estudio, sólo cinco mujeres mayores de 45 años tenían papeles centrales en la trama. 

La realidad para las intérpretes es igualmente dura, competir en estos premios implica no solo ser sexualizadas desde temprana edad y ser premiadas al respecto, sino también a perder la posibilidad de interpretar roles atractivos y premiados a medida que pasan los años. Si analizamos las ternas a mejor actor nos encontramos con Jonathan Pryce quien, con 72 años, es el nominado de mayor edad (Adam Driver, el más joven, con 36). En el caso de las protagonistas nominadas Renée Zellweger es la de mayor edad con 50 años y Saoirse Ronan la más joven con 25. Existen más de veinte años de diferencia entre Zellweger y Pryce; y más de 10 años entre los actores más jóvenes de ambas categorías. Tal vez sea, entonces, una cuestión etaria el misterio de la ausencia de Meryl Streep (gran favorita) entre la terna de actrices de reparto.

Al parecer no se está cómodo con las sexualidades que no son para consumo masculino; a su vez, este consumo no contempla la vejez como parte del atractivo de las mujeres y aparentemente una mujer sin atractivo no es talentosa.

Cuestiones como estas muestran la falta de diversidad no solo en los Oscars, sino en toda una industria mainstream que todavía se rige por cánones arcaicos de una taquilla que (finalmente) nos representa a nosotros como espectadores y sociedad. Es decir, no hablamos solo de la ausencia de Greta Gerwig en los nominados, sino de toda una estructura patriarcal de hombres blancos que vetan el lugar a figuras femeninas, lo que a su vez desanima la aparición de nuevas artistas. Mientras la taquilla siga reflejando gustos patriarcales los premios seguirán premiando solo a hombres (y sus películas) blancos, heterosexuales y adultos. 

Buscando alternativas

En el festival de cine independiente más importante del mundo, Sundance, más del 30% de las películas exhibidas en su última edición estaban dirigidas por mujeres; un número extraordinario que por desgracia no se traduce en el impacto comercial. Siguiendo el estudio de la Fundación Annberg de las 100 películas más taquilleras del 2019, solo el 10% fueron dirigidas por mujeres, que de todas maneras sigue siendo el número más alto desde que comenzó el estudio en 2007.

A pesar de este escaso porcentaje, las obras realizadas por mujeres siguen siendo maravillosas, opacadas y olvidadas. Entre ellas (que podrían estar a la altura de competir), Lulu Wang por The Farewell, Jennifer Kent, directora de The Nightingale, Marielle Heller por Un amigo extraordinario, Kasi Lemmons, directora de Harriet. También podría estar Céline Sciamma, directora de Portrait in Lady Fire, como película extranjera. 

Otra película olvidada en la temporada de premios fue Booksmart, ópera prima de Olivia Wilde, que fue hundida por la crítica al catalogarla como “una película para mujeres”; cuando en realidad fue mucho más que eso, una comedia inteligente, con personajes diversos, con una estética cuidada, pero que no logró llegar a los grandes premios por ser una comedia hecha por y para mujeres.

Por más de que la audiencia siga disminuyendo año tras año en los premios más vistos de occidente, siguen teniendo un rol importante a la hora de marcar la agenda, lo que nos lleva a nosotros (como espectadores) seguir eligiendo ver (tal vez por la falta de espacios alternativos de difusión) una lista de films nominados a mejor película con casi ocho protagonistas hombres y solo dos protagonistas mujeres, en vez de recorrer y aventurarse en producciones más diversas.  Tal vez la solución sea migrar hacia otros premios capaces de reconocer el lugar que hoy en día ocupan las mujeres en el cine o dejar de darle tanto peso a las ceremonias que premian una industria que alimenta la creación de contenidos para un consumo masculino.

A pesar de todo esto, en 2020 se esperan nuevas producciones con aires más diversos y más feministas. Se vea reflejado o no en los premios y en la taquilla, hay que seguir apostando a estas producciones, tal vez así en un futuro (esperemos no muy lejano) los porcentajes muestren una equidad y el talento femenino no se vea atacado por una industria patriarcal. 

BIBLIOGRAFÍA