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Diez películas que hablan sobre el aborto

29 julio, 2018

Diez películas que hablan sobre el aborto

No somos originales.

Por Alicia Chávez.

El tema de la interrupción voluntaria del embarazo conmueve las bases de la sociedad argentina. En pleno siglo XXI nos encontramos dándole vueltas a este tópico desde varios puntos de vista. Todxs tienen algo para decir. Resulta sorprendente, en algunos momentos esperanzador, que tantas personas quieran, necesiten, deseen, anhelen, busquen y generen el momento para hablarlo. Por supuesto, los puntos de vista varían desde el “está mal matar a un bebé” al “es su decisión”. Las feministas, por nuestra parte, hemos desplegado un amplio abanico de argumentos en favor de la legalización del aborto que intenta re-plantear los términos en que se desarrolle la discusión.

Sin embargo, el debate no es nuevo, ni exclusivo de estas latitudes, por ello está presente en una infinidad de películas, canciones, obras de teatro, novelas, cuentos, etc. A veces se trata de apenas una mención y, otras, ocupa la parte principal del argumento. Lo que no podemos negar es que la posibilidad de interrumpir un embarazo siempre moviliza. A nadie le resulta indiferente. Frente a esto, lo que llama la atención es que pocas veces haya voluntad por conocer o escuchar la gran variedad de argumentos, sean a favor como en contra.

En tal sentido, el cine nos brinda cierta ventaja. Los personajes, en más de un caso, encarnan algunos de esos puntos de vista y nos permiten, como público, estar frente a los diferentes motivos y situaciones en que pueden ocurrir las situaciones de aborto. A continuación, una lista de 10 películas (en realidad 12, y otras producciones) que hablan de ello.

3 veces Ana (1961), escrita y dirigida por David José Kohon, tiene como contexto el desarrollismo argentino. En plena urbe porteña, una pareja de jóvenes de clase media en ascenso es sorprendida por un embarazo no planificado. Las complicidades masculinas, las estrecheces económicas, y la prevalencia de la decisión del hombre sobre el cuerpo y los deseos de la mujer son los elementos que le dan consistencia a esta historia. El aborto es clandestino, pero seguro. La práctica provoca sermones, resentimientos, discusiones y soledad. El impacto que causa el aborto en sus vidas los obliga a largas reflexiones silenciosas, a replantearse sus decisiones y a mirar el futuro de una manera diferente.   

Persona (1966), escrita y dirigida por Igmar Bergman, hacia la media hora de metraje, en un monólogo de casi 8 minutos, Bibi Anderson nos lleva por un sube y baja emocional que ojalá no se detuviera nunca. Relata una situación de sexo casual, infiel, grupal, con un embarazo, como consecuencia, y posterior aborto. Claramente es una escena polémica. No hay el menor atisbo de responsabilidad ni reflexión en los jóvenes protagonistas. Por ese entonces, faltaban casi 10 años para que se legalizara la práctica del aborto en Suecia. Sin embargo, actualmente, su legislación es considerada una de las más liberales del mundo occidental, ya que habilita interrumpir un embarazo hasta la semana 18, o en cualquier momento de la gestación debido a causas médicas. Es importante mencionar también que esta legislación fue complementada por una de esterilización, que ha generado grandes polémicas, y por amplias políticas de planificación familiar. Una de las más importantes y conocidas es la del mismo período de licencia por paternidad o maternidad.

Un affaire des femmes (1988), dirigida por Claude Chabrol, esta película se basa en el libro homónimo de Francis Szpiner, que a su vez cuenta un episodio real. Marie-Louise Giraud fue una de las últimas víctimas de la guillotina en Francia, ya durante el siglo XX. Cuarenta años después, Isabelle Hupert encarna a esta enfermera que respondía al pedido de ayuda de mujeres en las situaciones más variadas y en un contexto político sumamente opresivo. Uno de los aspectos más destacables es que hace referencia a las otras víctimas de la violencia hacia las mujeres: lxs niñxs huérfanos. Asimismo, la expresividad de las miradas y los silencios, representan la violencia del contexto en que se vivía.

Si estas paredes hablaran (1996) fue una película para televisión protagonizada por la multifacética Cher. En tres momentos históricos, las protagonistas deben tomar la decisión sobre si seguir adelante o no con sus embarazos. El principal mérito de esta película es explicitar, por un lado, los importantes cambios sociales y culturales que sucedieron en Estados Unidos durante, por ese entonces, los últimos 40 años; por el otro, las presiones sociales a que se exponen las mujeres al momento de tomar una decisión en la que, muchas veces, se juegan la vida. Finalmente, otro highligth, aunque expuesto de manera brutal, es el cinismo y la falsedad de quienes se expresan en contra de las interrupciones voluntarias: señalan como asesinas a las mujeres que practican los abortos, pero se muestran incapaces de solidarizarse o acompañar por un proceso que no tiene nada de feliz.

Plaza de almas (1997), en plena convertibilidad, toda la furia de los 90 se ve reflejada en esta película de Fernando Díaz. Si bien el protagonista es un varoncito estándar, y el guión, por momentos, es errático, el personaje logra una transformación interesante. Para el momento histórico, la película es innovadora con respecto a los temas que presenta: un tratamiento no prejuicioso ni moralizante sobre el aborto o las mujeres que optan por él, y una mirada comprensiva sobre las víctimas de violencia familiar. Otro de los puntos sutilmente logrados, es el trato que reciben las mujeres en la industria del espectáculo. Ganó el premio a la mejor película en el Festival de cine de Mar del Plata de ese año, y distinciones varias por el mundo. Se puede ver completa en youtube.

The cider house rules (1999): Ambientada en 1943, la película ganó un Oscar por mejor guión adaptado de la novela “Principes de Maine…” de John Irving, quien participó también como guionista. En el orfanato St. Clouds, su desprejuiciado director consideraba que muchas veces las mujeres necesitaban ser liberadas (delivered es el verbo que utiliza el texto de la película), en un momento en que el aborto era aún un delito en EEUU. Para el protagonista, interpretado por Tobey Maguire, este es el motivo por el cual no quiere realizarlos. En un breve diálogo le reclama a su mentor el habérselo enseñado mientras que este le responde: “¿Cómo podrías no ayudar a una mujer cuando ella lo necesita? (…) En cualquier vida, tienes que ser útil”. El intercambio, que no dura más de un minuto, resulta conmovedor al pensarlo en relación a quienes esgrimen la objeción de conciencia como argumento para impedir el acceso de las mujeres a su salud reproductiva.

El crimen del padre Amaro (2002), basada en una novela escrita en 1875, su fecha nos pone de manifiesto que el aborto no es solo una práctica actual. Asimismo, el escándalo que generó al momento de estrenarse en su México natal, evidencia lo sensible que resulta el tema. Por último, y no menos importante, al combinar el dato de la fecha de la novela original con el argumento y la resolución de la película, podemos ver que las críticas y cuestionamientos a la iglesia católica, a la conducta de los sacerdotes y al silencio/distracción de la feligresía, son de larga data. Eso sí, en esta cinta, el final es particularmente trágico. Ello nos permite pensar que, evidentemente, quienes hacen cine, saben que un aborto en condiciones de higiene y salubridad tiene amplias posibilidades de realizarse sin mayores consecuencias para la salud de la mujer.

4 meses, 3 semanas, 2 días (2007), ambientada en la década del 80, en pleno régimen comunista y con un férreo control sobre todas las actividades de las personas, una estudiante universitaria debe atravesar por un aborto clandestino. De origen rumano, esta historia forma parte de un proyecto más amplio que intenta abordar diferentes aspectos de la vida de lxs ciudadanxs durante el comunismo. La trama se centra en el proceso que atraviesan dos amigas: las mentiras, el engaño a la burocracia, las maniobras para conseguir el dinero, el riesgo de ser descubiertas por las fuerzas de seguridad y luego, encima de todas esas angustias, la de atravesar por una intervención quirúrgica que, debido al estado avanzado del embarazo, no está exenta de riesgos. Posiblemente, por no formar parte del cine occidental, 4 meses, tres semanas… tiene una de las escenas más fuertes y estremecedoras de esta lista. No es exagerado decir que se trata de una película violenta en todos los sentidos.

Juno (2007), posiblemente entendida como una de las películas más tiernas sobre embarazo adolescente, no se desentiende sobre la posibilidad de interrumpirlo. Sin embargo, como la protagonista decide continuar el embarazo, la secuencia que se le dedica al aborto es relativamente corta. En Estados Unidos, interrumpir un embarazo es legal, por cualquier motivo y hasta los tres meses, desde 1973. Sobrepasado ese límite, es legal, siempre que se presenten riesgos para la vida de la madre. Entonces, ¿qué es lo interesante? Pues que la decisión de seguir adelante con un embarazo está ligada al deseo de maternidad más que al temor ante el riesgo que correría la vida de la mujer si debiera realizarse un aborto de manera clandestina.

Revolutionary road (2008), en esta tortuosa película, el aborto ocupa apenas unos minutos. Sin embargo, nuevamente aparece la cara más cruda de la clandestinidad y cómo impacta en la salud de las mujeres. Durante más de cien minutos, Kate Winslet y Leonardo Di Caprio se encuentran, desencuentran, aman, odian y vuelven a desencontrarse, ya, definitivamente (por suerte para la audiencia), para hablarnos de las aspiraciones frustradas, de los prejuicios y de la presión social de éxito. Contextualizarla en la década del 50, facilita el trágico desenlace. Sin embargo, a lo largo de toda la cinta está presente la dificultad de equilibrar deseos individuales con objetivos profesionales y cómo este desequilibrio condiciona de manera diferente la vida de varones y mujeres.

Bonus track: El aborto es un tema que está presente en gran cantidad de producciones culturales. Algunas veces es apenas una escena o dos, como en El Padrino 2 (1974) o un capítulo, como en el 51 de la telenovela argentina Padre Coraje (2004) donde en una de las sub-tramas, protagonizadas por Mercedes Funes, Fabio Di Tomaso y Melian Pretiella, el personaje de Norita, se realiza un aborto casero. La escena es de lo más escalofriante, dentro de una telenovela a la que no le faltan referencias cinematográficas. Y en el cine argentino, además de las mencionadas arriba, es posible recordar también a Las mantenidas sin sueños (2008) dirigida por Vera Fogwill y con banda sonora de Babasónicos. Finalmente, en la música para adolescentes y jóvenes, allá por la década del 90, una morocha Shakira, solía cantar “se quiere, se mata”. Más aquí en el tiempo, un conservador Ricardo Arjona, se erige como ejemplo de lo que el mundo se hubiera perdido si su madre hubiera decidido interrumpir su gestación.