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Ariana Harwicz: “El hombre de hoy está entre el crimen y la infantilidad”

12 julio, 2019
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Ariana Harwicz: “El hombre de hoy está entre el crimen y la infantilidad”

Por Nicolás Adet Larcher.

Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977 y creció en Villa Crespo. Su formación tuvo como eje los estudios de Guión Cinematográfico, Artes del Espectáculo, Dramaturgia y Literatura Comparada en la Sorbona. A sus 29 años tomó la decisión de dejar su casa aquí para cruzar el océano hasta un pueblo en París. Ahí vive desde hace más de 10 años. Se fue para dedicarse a escribir y desde allá publicó sus tres primeras novelas: Matate, amor (que le valió una nominación al Man Booker International 2018), La débil mental y Precoz. Hace un mes publicó Degenerado en editorial Anagrama. Un libro que sostiene un monólogo de 124 páginas de un hombre acusado de haber cometido un delito.

En la escritura de Harwicz no hay correcciones políticas, por el contrario, hay propuestas audaces, voces provocadoras e historias escritas en un registro plagado de elementos poéticos. A través de una charla entre audios por Whatsapp, Harwicz respondió algunas preguntas de Subida de Línea.

 

 La novela Degenerado tiene dos particularidades que me llaman la atención. Cuestiones que tienen que ver con el personaje y la elección del registro, la decisión de que sea su voz la que nos lleva por las páginas, que sea una sola voz, un monólogo. ¿Qué te llevó a construir el relato desde ese lugar?

Todas mis narrativas están pensadas desde la primera persona. Es, por un lado una estética, una elección de plano, ver donde enfoca la cámara, donde se pone el acento. Y, por otro lado, es una ejecución musical. Es decir, voy a componer todas las historias desde un punto de vista subjetivo, desde un punto de vista de la intensidad, del solipsismo y el monólogo de una sola mente. El mundo deformado. El mundo visto desde una sola voz. A mí me interesa mucho eso, particularizar en un drama, en una tragedia, en una única sensibilidad y desplegar todo un universo desde la visión única de un ser, de un personaje. Eso le da potencia, le da intensidad a mi forma de ver, también al relato, y por otro lado permite el despliegue de una gran subjetividad. No hay dos partes que se contraponen o más tímidamente. En el caso de Degenerado también me interesó que se viera el fenómeno de la empatía con un criminal.

 

El personaje se planta desde un lugar en el que se defiende de acusaciones externas. En una entrevista habías dicho que, más allá del hecho puntual de la pedofilia que refleja el libro, también había una referencia a la masculinidad actual.

Claro, porque el hecho de la masculinidad es lo que está puesto en juego. No tanto la acusación en sí que está bastante fumada, con vueltas irreales, con bastante de ciencia ficción como para dudar, sospechar si el hecho criminal sucedió o no. Pero lo que no podemos dudar es que el hombre está en el banquillo, el hombre contemporáneo está acorralado, está contra las cuerdas, perdido, fragilizado, feminizado, huye despavorido. Está entre el crimen y la infantilidad y ese estado de cuestión, ese estado de cosas filosófico era lo que me interesaba experimentar. Por supuesto el crimen está elegido porque es como el gran crimen aberrante: el crimen sexual. Entonces, fue para que tuviera toda la potencia. Pero lo que importa es cuál es el estado del acusado, como si se señalara que en eso se convirtió el hombre hoy. El hombre se convirtió en esto. El libro es una forma de tratar de entrar en la mente para ver que se podría sentir ser un hombre acusado, una doble fragilidad.

 

¿Cuánto del guión cinematográfico trasladas a tus novelas? En los diálogos, en la construcción de las escenas.

El guión cinematográfico y la dramaturgia, que son géneros, estéticas y modos de desplegar una lengua, están totalmente en mis libros, lo quiera o no. Están ahí, como algo que no puedo sacar. Es mi formación. Empecé escribiendo guiones de cine, me formé para escribir guiones, para escribir teatro, leí sobre eso. Entonces, el ejercicio de lectura y escritura parte de ahí. Me parece que, como te digo, no está tanto en la técnica sino en la concepción. Un guión cinematográfico comprende en sí un montaje. Las escenas, las imágenes, las secuencias, los diálogos están regidos por montajes. Un montaje es una operación de ritmo, no es más que eso. Entonces, esa operación de sustraer y de agregar, de elipsar, es lo que está en toda mi escritura. Hay un gran poder de elipsis en mi escritura y eso se lo debo a la dramaturgia y al guión cinematográfico.

 

Charlando sobre lecturas con otras personas, me comentaban que en el último tiempo empezaron a comprar con mayor regularidad libros escritos por mujeres por considerar que las mejores producciones literarias de hoy, y de los últimos años, se pueden encontrar ahí. Libros de autoras como Samanta Schweblin, María Gainza, Leila Sucari, Mariana Enriquez, Dolores Reyes con su primera novela, libros que vos habías escrito. Había algo en esos libros que se destacaban por encima de otras producciones literarias ¿Cómo ves la literatura de los últimos años teniendo en cuenta su producción, pero también su circulación?

Es interesante la pregunta. Me parece que hay varios aspectos. El tema es cómo dialoga el arte, la literatura, la poesía, el cine, el teatro. Cómo piensa una época (hablando de la subjetividad de una época) y como la cultura de una época piensa a las producciones artísticas. Creo que hay un vaivén, una dialéctica. Se miran mutuamente. Es cierto que en el mercado literario se lee y se compran libros de mujeres de toda edad: Lorrie Moore, Margaret Atwood, Silvya Molloy, Hebe Uhart y también primeras novelas, segundas novelas. Muchas escritoras jóvenes como las que mencionaste y tantas otras de todo el continente, de latinoamérica y del mundo. Yo lo veo en los festivales, en los mercados literarios, veo ese interés de la industria, de los libreros, de los lectores, de los críticos. De todos los que forman parte del mundo literario y del mundo artístico, porque pasa lo mismo en el cine, veo un interés mayor por las mujeres. Les hacen más notas, más reseñas, las publican más. Están con mucha más visibilidad, no todas, pero hay muchas. Eso se ve y es innegable. El tema es qué hacer con eso, cómo pensarlo. La visibilidad por la visibilidad misma no es un valor, tampoco es algo malo, pero creo que habría que pensar. Cuando escribo trato de no pensarme mujer, trato de no pensar si tengo más visibilidad o no, trato de no especular con la época para escribir o no escribir y creo que el deber de todo artista es ir contra la época. No contra la época en el sentido de los avances que puedan haber en materia de derechos humanos, sino que no rendirle pleitesía, no rendirse ante la opinión dominante de una época. Siempre discutirla, siempre repensarla, siempre cuestionarla, no plegarse a los pensamientos dominantes. En ese sentido está buenísimo que las mujeres tengan mayor visibilidad. Lo que advertiría como alarma es: cuidado con convertirse en un objeto de mercancía. Cuidado en no convertirse – feminismo mediante – que el mercado aprovecha. No hay que convertirse en un objeto, porque el capitalismo está feliz de que las mujeres consumen y nos vuelven consumidoras. Que no conviertan a las escritoras mujeres en un objeto de consumo más.

 

¿Qué autores o autoras te gusta leer? ¿Por qué? ¿Qué libro estás leyendo ahora?

Ahora terminé Mi Madre de Richard Ford, estaba por leer a Scott Fitzgerald y estaba leyendo la biografía en francés de Churchill. En realidad no hay un orden que se aplique a mis lecturas. Pueden ser biografías, diarios, cartas. Me gusta mucho el género bélico, sean intercambios epistolares o diarios llevados a cabo en la guerra, me gustan mucho las biografías. Son los grandes actos de supuesta verdad pero también son los actos más ficcionales. No hay nada más ficcional que la verdad. No tengo un orden ni un sistema para leer, todo lo que cae en mis manos lo leo y entro en el libro o no entro.